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Azuay y Manabí están de fiesta

El regocijo es justificado. No siempre los pueblos tienen el honor de un reconocimiento que rebasa los linderos patrios. No es moneda de todos los días saber que algo o alguien, a nivel mundial, ha sido colocado en el sitial que le corresponde. La Unesco a través de la Convención de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad decidió incorporar en su listado al ‘tejido del sombrero de paja toquilla’. Es el primer Patrimonio Cultural Inmaterial para Ecuador que, además, cuenta con “Quito, Patrimonio Cultural de la humanidad (1978); Galápagos, Patrimonio Natural (1979); el Parque Nacional Sangay, también Patrimonio Natural (1983); Cuenca, Patrimonio Cultural (1999) y el Pueblo Záparo, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad”. A continuación algunas divagaciones, inquietudes y recuerdos de la patria chica.

-No sé exactamente cuántas o cuántos manabitas, dónde y cuándo, hicieron del sombrero su ocupación. Sé que Pile y Montecristi conservan la tradición. Conozco también que Manabí engendró el tejido de paja toquilla, antes que se denominara Manabí y mucho antes de que los españoles conquistaran, por la fuerza, nuestras comarcas.

-Parece ser que Manabí y Azuay son protagonistas en la conversión de la paja toquilla en hermosos sombreros, además de otras creaciones con la misma materia prima. Morona Santiago también tejió, y teje aún, como consecuencia de la migración de los pobladores del Sígsig a diversas poblaciones de esta provincia vecina. Es posible que se teja en diversos pueblos del Ecuador, pero no como industria local, más bien como habilidad personal.

-Se dice que el padre de Eloy Alfaro exportaba sombreros desde Montecristi a Panamá; Eloy también lo hizo para afianzar su revolución. Que buena ocasión saber que el sombrero de paja toquilla, hoy homenajeado por la Unesco, está vinculado con el viejo luchador: a trabajar, intelectuales de la “revolución ciudadana”, para recuperar la historia. Bienvenida “Las hebras que tejieron nuestra historia” de la manabita Libertad Regalado.

-Desciendo a vivencias personales, amigas y amigos. El sombrero de paja toquilla, en el cantón Sígsig, nació y creció centurias antes de que mis pupilas se espejaran en las límpidas aguas del Santa Bárbara. Mi madre tejía, mis tías lo hacían y mi abuela materna era una artista. No sé si por ayudar a la economía familiar, por monería, por curiosidad o aptitud también yo aprendí a tejer sombreros y según referencias no solo que tejía sino que lo hacía muy bien. Mis tíos Julio y Miguel dedicaron sus mejores años a la comercialización del sombrero; los domingos ellos esperaban, en lugares estratégicos, a las cholas sigseñas que salían de los anejos para comprarles sus sombreros y venderlos luego en Cuenca, Loja, El Cisne o Cariamanga.

Sígsig tiene la Asociación de Toquilleras María Auxiliadora (ATMA) conectada con los principales mercados europeos. Es un maravilloso ejemplo empresarial de honestidad y solidaridad. Espero alguna vez referirme a ella, se lo merece. Muchos hogares sigseños vivieron y viven de la industria del sombrero de paja toquilla.

“La Puntilla de Santa Elena es una joya que debe brillar”.