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Hacerse camino…

Hace unos días tuve ocasión de hablar con un abogado algo mayor que yo; él es un empresario exitoso, un hombre que sirvió a la ciudad y al país en diversas funciones en beneficio de la colectividad; una persona que hizo camino al andar; que jamás abandonó los principios morales recibidos en su hogar; que construyó una familia que hoy es su orgullo y su soporte emocional; alguien que tuvo la fortaleza de decir NO cuando era necesario hacerlo y que su SI estaba siempre a flor de labios al tratarse del bien de la comunidad.

En las próximas semanas, tanto la universidad como el bachillerato, entregarán a la sociedad una cantidad respetable de gente estudiosa debidamente calificada. Desearíamos que estos escuadrones del conocimiento vivan sus vidas acordes con un modelo de ser humano que desean ser cuando pasen los años. Sabios son aquellos que actúan pensando en el final que quieren conquistar y trazan estrategias para lograrlo.

Jóvenes: la conquista del saber tiene que ser un compromiso de todos los días. Es menester hacerlo con profundidad, con amor. El conocer, el despejar las dudas, el obtener certezas, el hacerse de nuevas ideas y nuevos proyectos, tiene que convertirse en una obsesión. La ciencia camina a pasos agigantados hacia nuevas conquistas. No avanzar, es retroceder. La obsolescencia del conocimiento es un cáncer para todo profesional porque carcome viejas teorías y destruye certezas del ayer. Cuando alguien ingresa a un colegio o universidad, firma un compromiso con el saber, consciente o inconscientemente. El saber debe ser perseguido, alcanzado y amado. Mientras esto no suceda es preciso sentirse seres inacabados, incompletos. Quienes salen de los bachilleratos o de las universidades con sus respectivos títulos académicos deben convertirse, de por vida, en buscadores de la excelencia; los seminarios, los cónclaves, las sesiones de trabajo, las revistas y libros especializados, las conferencias, tienen que ser parte esencial en el proyecto personal de autorrealización.

Es menester recordar que no podemos ni debemos permanecer impasibles frente a los cambios, porque los cambios nos interrogan, nos interpelan y provocan diversas reacciones en nuestro interior, reacciones que las debemos meditar y sopesar para tomar luego nuestras decisiones. Somos seres “en constante evolución”. Hay cambios que son necesarios, urgentes; cambios que se darán con o sin nuestro asentimiento, porque existen realidades que deben cambiar frente a un propósito universal de mayor equidad y de justicia en libertad. Sin embargo, existen cambios que no pueden ni deben darse, cambios que debemos impedirlos cuando amenazan destruir valores de nuestra familia, comunidad o sociedad. La libertad bien entendida debe ser defendida con energía y oportunidad. No podemos ver que se destruyan las familias sin expresar nuestra protesta e inconformidad. Si creemos en la democracia tenemos que buscar líderes que conjuguen el progreso con la solidaridad; la autonomía con la responsabilidad; lo público con lo privado; la libertad con el derecho; la paz con la justicia. La patria la construimos todos con nuestra presencia activa o la destruimos con nuestra apatía.

“La Puntilla de Santa Elena es una joya que debe brillar”.