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No tengo quién me escriba…

Cuando los columnistas de la prensa, sea esta corrupta o impoluta, intitulamos nuestros trabajos, en ocasiones lo hacemos al principio, como fuente de inspiración; a veces al final, como resumen de lo expuesto. Lo importante es que el título ayude a una mejor comprensión.

El 9 de octubre envié una carta a “Distinguidos Servidores Públicos, de elección popular y de libre remoción del Ejecutivo”, con fotocopias de tres artículos publicados por EL UNIVERSO, en torno a La Chocolatera, en la Puntilla de Santa Elena.

Transcribo el texto, ad litteram:

“Me permito hacerles llegar una denuncia y una propuesta; ambas fueron publicadas en Diario EL UNIVERSO, cuyas fotocopias adjunto.

a) Con cierta pena he constatado que ninguna autoridad del país se ha dado por enterada al respecto de la denuncia presentada. Hasta hoy 9 de octubre las cosas siguen como han estado siempre, sin haberse notado cambio alguno.

b) Estoy convencido de que los ecuatorianos que ingresamos a la Puntilla de Santa Elena merecemos un trato digno; igual los extranjeros.

c) Es peligroso cuando lo anormal se torna normal y nadie nota ya la diferencia. La suciedad, el descuido del medio ambiente y una pésima vía no son algo normal, no debe serlo.

d) Escribo esta carta conjunta con la esperanza de que el señor Presidente de la República ordene a quien corresponda que atienda esta petición encaminada al buen vivir de quienes visitan La Puntilla.

Espero que esta carta dirigida a ustedes con todo respeto, tenga la respuesta adecuada, la misma que será difundida, oportunamente, a través de mi columna de los días miércoles en Diario EL UNIVERSO”.

No tengo quién me escriba: el ministro de Turismo, anda por las nubes; la ministra de Ambiente no respira; la ministra Coordinadora de Patrimonio Natural y Cultura, no tiene interés por el tema; la secretaria nacional de Gestión de Riesgos sí se ha mostrado preocupada, pero nada más; el prefecto y el gobernador de Santa Elena: mutis por el foro; la ministra de Obras Públicas y Transporte no encuentra el camino; el alcalde de Salinas, perdido en su propio laberinto; los jefes militares de la Península: silencio. El presidente de la República deriva mi comunicación al teniente coronel Leonardo Barreiro, jefe del Comando Conjunto, el 29 de octubre: silencio, “en boca cerrada no entran moscas”.

Rescato al equipo de relaciones públicas de la Presidencia de la República; hizo lo que debía hacer. Los demás, qué pena, “ya lloro”, como dice el Pájaro Febres Cordero. No sé qué pase: no leen nuestras autoridades, no tienen quién les lea tal vez, no les interesa, no aprendieron “un cortés acuso-recibo”; no se interesan por “nimiedades” o simplemente les caigo muy mal. Si este fuera el caso no es conmigo la pelea, la lucha es en contra de ciertas anormalidades que deben dejar de ser la normalidad. Algún día les contaré un interesante encuentro con Luis E. García, de la Central de Riesgos de Santa Elena.

“La Puntilla de Santa Elena es una joya que debe brillar”.